lunes, 28 de marzo de 2011

Kazuo Ishiguro - Pálida luz en las colinas

Luego del suicidio de su hija mayor llamada Keiko, y mientras recibe en su casa en Inglaterra a Niki, la hija menor, Etsuko, una mujer de cincuenta años, recuerda los días en que vivía en Nagasaki y conoció a las extrañas e inquietantes Sachiko y su pequeña hija Mariko. La niña presenció un episodio en tiempos de guerra que tuvo efectos traumáticos, afectando su comportamiento. La madre, quien sufrió una pérdida de status social, se empecina en huir rumbo a un futuro incierto.
Kazuo Ishiguro, nativo de Nagasaki, manifiesta en su primera novela, Pálida luz en las colinas (1982), las consecuencias funestas que tuvo la Guerra, la Bomba atómica y la ocupación del Japón en sus habitantes, cómo afectó la influencia de los valores culturales de Estados Unidos en las rígidas costumbres en materia de enseñanza, que modificaron el modo en que la sociedad japonesa se concebía a sí misma, desconociendo el modelo sustentado en el patriotismo, la disciplina, el deber, la lealtad y las tradiciones vigente en el pasado, lo que se tradujo en un enfrentamiento generacional.
Pero los temas principales del libro son: la tristeza, la añoranza que produce dejar atrás una ciudad, un país, aceptar la partida de una hija que ha muerto y de otra que comienza a vivir en forma independiente; las dudas acerca de cómo habría sido todo si se hubiesen tomado otras decisiones; y el modo en que las propias determinaciones afectan a aquellos por quienes somos responsables.
La memoria y la pérdida, dos asuntos centrales en la literatura y el cine actual, recorren la prosa diáfana del autor: "Es posible que con el paso de los años mis recuerdos hayan perdido nitidez, que las cosas no sucedieran tal como me vienen ahora a la memoria".
“Ya sé que no se puede confiar del todo en los recuerdos. A menudo las circunstancias en que los rememoramos los tiñen de matices diferentes, y no hay duda de que esto afecta también a algunos de los hechos evocados aquí”.
Imágenes plenas de laconismo que reflejan el efecto del paso del tiempo: "En aquella época, volver a Nakagawa todavía me producía una mezcla de tristeza y de alegría. En este barrio el terreno es muy desigual, y el subir de nuevo por aquellas callejuelas escabrosas entre casas apiñadas siempre me llenaba de un profundo sentimiento de angustia. No se me habría ocurrido volver así, sin pensarlo, aunque tampoco era capaz de mantenerme alejada de allí por mucho tiempo".

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