El recuerdo de un amor que se desvanece, sentido como una insoportable ausencia, y la adolescencia como una etapa de la que no se sale indemne.
Toru Watanabe se encuentra a bordo de un Boing 747, descendiendo en la ciudad de Hamburgo, mientras escucha por los altavoces la canción de los Beatles, Norwegian Wood, que lo lleva a recordar con nostalgia su juventud en Tokio a fines de los sesentas.
A la inestable Naoko, la novia de Kizuki, su único amigo de la adolescencia, con quien se reencuentra después del suicidio del muchacho, y lo une una profunda y compleja relación que continúa por medio de correspondencia, cuando Naoko ingresa a una institución de salud mental. Y a la excéntrica Midori, su compañera de la universidad, vital, desenfadada, la contracara de Naoko.
Ambas libraron una contienda en el corazón de Watanabe, acercándolo a la luz o a la oscuridad, a semejanza de las pulsiones de vida y de muerte.
Matías Repar, escribió en el diario Clarín, lo siguiente: "Para Murakami la adolescencia es un espacio del que se es expulsado sin explicaciones. Un pozo oscuro, profundo, horriblemente hermoso, y de mortífera locura, del que muchos no regresan".